Otra vez se encontraba allí,
atrapado entre las columnas grises,
sin sueños ni camino.
La desesperación agrietaba sus huesos
y el silencio se impregnaba en su piel.
Poco quedaba para aquellos ojos vacíos.
Una vez más era él,
aquel ser sin alma que nadie podía ver,
sin esperanzas ni recuerdos.