_Está roto- dijo el rostro, desesperanzado.
_ ¿Por qué se rompió? –preguntó con palabras grises la
máscara.
_No lo sé. Es difícil saber entre tanta piedra y sangre
–respondió el rostro mirando al cuerpo inerte que estaba delante suyo-. Lo
único que puedo saber, es que hace mucho que está así.
_Que triste – dijo la máscara sin mueca alguna.
_En estos pocos años, he visto tantos rotos y vacíos que
hace tiempo perdí la cuenta –lamentó el rostro, susurrando cada palabra.
_ ¿Puedes hacer algo por él? –preguntó la máscara llena de
compasión.
_No, no puedo.
_Pero, ¿por qué? ¿Acaso no lo quieres salvar? Se que lo has
logrado antes, por qué no intentarlo ahora –quiso saber la máscara,
inocentemente.
_Es que no puedo, realmente no puedo. Quisiera hacerlo, pero
aquí no puedo hacerlo. Si estuviésemos en mi bosque quizás tuviese una
oportunidad. Si estuviésemos allí, y él quisiera sobrevivir, tal vez podría.
Pero aquí no puedo –explicó el rostro angustiado.
_Aquí no… -susurró la máscara.
_Aquí no… -repitió el rostro.
El silencio se dibujó en los ojos de ambos.
_ ¿Nosotros también estamos rotos? –quiso escuchar la
máscara, aunque ya sabía la respuesta.
_Si, nosotros también estamos rotos. Pero somos distintos,
aún no lo estamos del todo. Además, están las cenizas. Si las llevamos al
bosque, seguro renaceremos desde allí…
_Pero no aquí… -lo interrumpió la máscara.
_Pero no aquí… -repitió el rostro.
El silencio cayó de sus ojos, pintando líneas.
_Debemos hacer algo por él –dijo la máscara, acercándose al
cuerpo inmóvil para verlo detenidamente.
_Debemos –afirmó el rostro, imitándolo.
_Necesitamos el bosque –pensó la máscara.
_Pero no podemos llegar hasta allí –pensó el rostro.
_Y menos aún, llevarlo a él –siguió pensando.
_Pero si el bosque… -calló el rostro.
_Pero si el bosque… -calló la máscara.
El silencio se volvió piedras en sus gargantas.
El rostro se arrodilló junto al cuerpo opaco y se quedó
allí, viéndolo.
_ ¿Qué haces? –preguntó la máscara.
_Nada, lo acompaño –respondió el rostro.
_ ¿Te quedarás aquí, a su lado?
_Lo único que puedo hacer en este momento, es velar por él.
Y eso haré, me quedaré aquí, a su lado, velando por él. Y quizás… quizás un
día, oiga mi voz y abra los ojos.
_Y quizás, solo quizás, un día brote el bosque aquí, a tu
alrededor, y puedas curarlo –susurró la máscara.
_Y quizás, solo quizás, un día brote el bosque aquí, a mí
alrededor –repitió el rostro-, y pueda curarlo. ¿Tú qué harás?
_Lo único que sé hacer, seguiré siendo máscara, hasta el
último día.
_Sabes que ese día será el día en que quizás, solo quizás,
el bosque crezca. Sabes que mientras el bosque crezca, tú caerás para nunca más
volver.
_Lo sé. Y
velo por ello…