sábado, septiembre 24

Silencio...


Una vez te dije que el silencio era un dolor pesado que rompía suelo en donde estábamos parados, pero después extendí los brazos y dejé que el silencio hablara por nosotros.
Una vez me dijiste que el silencio tiene muchos nombres, pero después ninguno sirvió para llamarlo.
A veces, el silencio tiene forma de abismo, insoldable, que separa más y más a dos que sólo pueden ver como se alejan.
A veces, es un impulso, una escusa, un movimiento que cubre toda la distancia entre dos que de distancias no entienden nada.
A veces, el silencio son un par de brazos que te rodean para evitar que te desarmes sobre el suelo.
A veces, es un secreto, dos miradas que cruzan, una sonrisa que lo dice todo.
A veces, es el otoño que se sienta a escuchar. Otras, es un invierno que no deja decir nada.
A veces, es el contorno de la más bella melodía. Otras, es un ruido espeluznante que hace que el sueño, temeroso, huya corriendo.
A veces, es el miedo a enfrentar la realidad. Otras, el valor para hacerlo.
A veces, es el idioma de la soledad. Otras, el de los enamorados.
A veces, es un instante. Otras, una eternidad.
A veces, el silencio es un final. Y aunque sea el final de un mundo, el mundo sigue ahí de pie, bajo tus pies, y no hace silencio.
A veces, el silencio es un principio que se tarda en llegar y al sólo lo puede espantar un llanto. Un llanto nuevo, o un llanto amargo.
A veces, dijimos, es varios a veces, es más un silencio a la vez. Otras, el silencio es solo silencio y nada más... Y aún así, abrazados, decidimos guardarlo.

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