"Aunque sea inútil, creo que, con todo es necesario llorar. Porque la desesperación es tangible. El recuerdo de la desesperación permanece. A veces mata". Marguerite Duras
Aunque todos digan que mi hermana murió en un accidente de tráfico, sé que fue la desesperación, que encontró asilo en su memoria, quien la mató.
La desesperación la había encontrado por casualidad unos meses atrás, una noche como cualquier otra que volvía de la facultad. Recuerdo a mamá preocupada con su típico "¿le habrá pasado algo?" de todas las noches. Y al igual que todas las otras veces, reí e hice un chiste. "Seguro la abducieron aliens" fue el chiste de esa noche.
Pero esa noche, idéntica a cualquier otra noche, fue distinta a todas las demás. Esa noche, "algo" le pasaba a mi hermana a tan solo unas cuadras de mi casa. Fue allí, entre los escombros y la penumbra de un terreno abandonado donde mi hermana y la desesperación se conocieron.
Recuerdo verla entrar a casa, mientras mi vieja dejaba la sexta llamada perdida en su celular. Recuerdo la palidez de su piel, el temblor de su cuerpo. Recuerdo los gritos desesperados de mi madre, el llanto de furia de mi viejo. Recuerdo mi silencio. Lo no recuerdo es verla llorar, ni esa noche, ni ninguna otra en adelante. Ni una sola lágrima derramo mi hermana.
A la policía le llevó dos semanas dar con el alien de aquella noche. Bueno, se que no fue un alien, pero me niego a creer que es humano. Aún así, algo se había roto dentro de nuestra casa, de nuestra familia, de mi hermana. Tuvieron que pasar varios meses, para que que un día, sin darnos cuenta, todo volviera a la normalidad. O eso quisimos creer nosotros. Simplemente nos acostumbramos a convivir con esa realidad, mientras mi hermana se acostumbraba a convivir con la desesperación que anidaba en sus recuerdos.
Ahora, mientras mi viejos lloran sin fuerzas rodeada de parientes, escribo estas estos palabras esperando que la noche termine rápido. Sentado solo en el hall del velatorio me resulta fácil reconocer las señales que predijeron este desenlace, al igual que al ver el final de una película, uno recuerda las pistas escondidas pero evidentes que dejó el guionista para nosotros.
Recuerdo las veces que mi hermana se quedaba con la mirada perdida en mitad de una conversación. Recuerdo todos los almuerzos en los que dejaba el plato casi lleno. Recuerdo como reaccionaba asustada al contacto inesperado. Recuerdo las quemaduras y cortes en sus manos por "distraerse" al cocinar. Recuerdo la vez que la encontré vagando sola cuando supuestamente estaba en la casa de una amiga. Recuerdo que después de cada uno de estos eventos, decía alguna frase tranquilizadora y sonreía tiernamente.¿Cómo no me di cuenta antes, que su amor por nosotros le había enseñado a actuar aquella sonrisa reconfortante?
Y con cada una de esas sonrisa que nos aumentaban nuestra seguridad de que todo había pasado, ella se alejaba un poco más de nosotros, quedándose sola, sola con su recuerdo.
Sé que la desesperación mató a mi hermana. O al menos, fue quien la distrajo de la vida. Cuantas otras veces habrá cruzado la calle sin prestar atención ensimismada en su memoria, antes de toparse con alguien que no pudo esquivarla a tiempo.
Intento imaginar todo lo que ella sintió, todo por lo que tuvo que pasar, pero no puedo hacerlo, nunca podré hacerlo no importa cuanto me esfuerce. Entender que nunca podré entenderlo, me rompe en lágrimas. Será por que ella nunca lloró, que no puedo dejar de hacerlo. Y aunque sea inútil, esta noche prefiero recordar y llorar, llorar por todo lo que ella no lloró. Por todo lo que ella y muchas otras no lloraron y por lo que lloraron también. Por que cuando el sol venga a buscarnos en unas horas, saldré a vivir, haré de estás lágrimas mi camino.
La desesperación la había encontrado por casualidad unos meses atrás, una noche como cualquier otra que volvía de la facultad. Recuerdo a mamá preocupada con su típico "¿le habrá pasado algo?" de todas las noches. Y al igual que todas las otras veces, reí e hice un chiste. "Seguro la abducieron aliens" fue el chiste de esa noche.
Pero esa noche, idéntica a cualquier otra noche, fue distinta a todas las demás. Esa noche, "algo" le pasaba a mi hermana a tan solo unas cuadras de mi casa. Fue allí, entre los escombros y la penumbra de un terreno abandonado donde mi hermana y la desesperación se conocieron.
Recuerdo verla entrar a casa, mientras mi vieja dejaba la sexta llamada perdida en su celular. Recuerdo la palidez de su piel, el temblor de su cuerpo. Recuerdo los gritos desesperados de mi madre, el llanto de furia de mi viejo. Recuerdo mi silencio. Lo no recuerdo es verla llorar, ni esa noche, ni ninguna otra en adelante. Ni una sola lágrima derramo mi hermana.
A la policía le llevó dos semanas dar con el alien de aquella noche. Bueno, se que no fue un alien, pero me niego a creer que es humano. Aún así, algo se había roto dentro de nuestra casa, de nuestra familia, de mi hermana. Tuvieron que pasar varios meses, para que que un día, sin darnos cuenta, todo volviera a la normalidad. O eso quisimos creer nosotros. Simplemente nos acostumbramos a convivir con esa realidad, mientras mi hermana se acostumbraba a convivir con la desesperación que anidaba en sus recuerdos.
Ahora, mientras mi viejos lloran sin fuerzas rodeada de parientes, escribo estas estos palabras esperando que la noche termine rápido. Sentado solo en el hall del velatorio me resulta fácil reconocer las señales que predijeron este desenlace, al igual que al ver el final de una película, uno recuerda las pistas escondidas pero evidentes que dejó el guionista para nosotros.
Recuerdo las veces que mi hermana se quedaba con la mirada perdida en mitad de una conversación. Recuerdo todos los almuerzos en los que dejaba el plato casi lleno. Recuerdo como reaccionaba asustada al contacto inesperado. Recuerdo las quemaduras y cortes en sus manos por "distraerse" al cocinar. Recuerdo la vez que la encontré vagando sola cuando supuestamente estaba en la casa de una amiga. Recuerdo que después de cada uno de estos eventos, decía alguna frase tranquilizadora y sonreía tiernamente.¿Cómo no me di cuenta antes, que su amor por nosotros le había enseñado a actuar aquella sonrisa reconfortante?
Y con cada una de esas sonrisa que nos aumentaban nuestra seguridad de que todo había pasado, ella se alejaba un poco más de nosotros, quedándose sola, sola con su recuerdo.
Sé que la desesperación mató a mi hermana. O al menos, fue quien la distrajo de la vida. Cuantas otras veces habrá cruzado la calle sin prestar atención ensimismada en su memoria, antes de toparse con alguien que no pudo esquivarla a tiempo.
Intento imaginar todo lo que ella sintió, todo por lo que tuvo que pasar, pero no puedo hacerlo, nunca podré hacerlo no importa cuanto me esfuerce. Entender que nunca podré entenderlo, me rompe en lágrimas. Será por que ella nunca lloró, que no puedo dejar de hacerlo. Y aunque sea inútil, esta noche prefiero recordar y llorar, llorar por todo lo que ella no lloró. Por todo lo que ella y muchas otras no lloraron y por lo que lloraron también. Por que cuando el sol venga a buscarnos en unas horas, saldré a vivir, haré de estás lágrimas mi camino.
