domingo, marzo 12

Esa noche

"Aunque sea inútil, creo que, con todo es necesario llorar. Porque la desesperación es tangible. El recuerdo de la desesperación permanece. A veces mata". Marguerite Duras

Aunque todos digan que mi hermana murió en un accidente de tráfico, sé que fue la desesperación, que encontró asilo en su memoria, quien la mató.

La desesperación la había encontrado por casualidad unos meses atrás, una noche como cualquier otra que volvía de la facultad. Recuerdo a mamá preocupada con su típico "¿le habrá pasado algo?" de todas las noches. Y al igual que todas las otras veces, reí e hice un chiste. "Seguro la abducieron aliens" fue el chiste de esa noche.

Pero esa noche, idéntica a cualquier otra noche, fue distinta a todas las demás. Esa noche, "algo" le pasaba a mi hermana a tan solo unas cuadras de mi casa. Fue allí, entre los escombros y la penumbra de un terreno abandonado donde mi hermana y la desesperación se conocieron.

Recuerdo verla entrar a casa, mientras mi vieja dejaba la sexta llamada perdida en su celular. Recuerdo la palidez de su piel, el temblor de su cuerpo. Recuerdo los gritos desesperados de mi madre, el llanto de furia de mi viejo. Recuerdo mi silencio. Lo no recuerdo es verla llorar, ni esa noche, ni ninguna otra en adelante. Ni una sola lágrima derramo mi hermana.

A la policía le llevó dos semanas dar con el alien de aquella noche. Bueno, se que no fue un alien, pero me niego a creer que es humano. Aún así, algo se había roto dentro de nuestra casa, de nuestra familia, de mi hermana. Tuvieron que pasar varios meses, para que que un día, sin darnos cuenta, todo volviera a la normalidad. O eso quisimos creer nosotros. Simplemente nos acostumbramos a convivir con esa realidad, mientras mi hermana se acostumbraba a convivir con la desesperación que anidaba en sus recuerdos.

Ahora, mientras mi viejos lloran sin fuerzas rodeada de parientes, escribo estas estos palabras esperando que la noche termine rápido. Sentado solo en el hall del velatorio me resulta fácil reconocer las señales que predijeron este desenlace, al igual que al ver el final de una película, uno recuerda las pistas escondidas pero evidentes que dejó el guionista para nosotros.

Recuerdo las veces que mi hermana se quedaba con la mirada perdida en mitad de una conversación. Recuerdo todos los almuerzos en los que dejaba el plato casi lleno. Recuerdo como reaccionaba asustada al contacto inesperado. Recuerdo las quemaduras y cortes en sus manos por "distraerse" al cocinar. Recuerdo la vez que la encontré vagando sola cuando supuestamente estaba en la casa de una amiga. Recuerdo que después de cada uno de estos eventos, decía alguna frase tranquilizadora y sonreía tiernamente.¿Cómo no me di cuenta antes, que su amor por nosotros le había enseñado a actuar aquella sonrisa reconfortante?

Y con cada una de esas sonrisa que nos aumentaban nuestra seguridad de que todo había pasado, ella se alejaba un poco más de nosotros, quedándose sola, sola con su recuerdo.

Sé que la desesperación mató a mi hermana. O al menos, fue quien la distrajo de la vida. Cuantas otras veces habrá cruzado la calle sin prestar atención ensimismada en su memoria, antes de toparse con alguien que no pudo esquivarla a tiempo.

Intento imaginar todo lo que ella sintió, todo por lo que tuvo que pasar, pero no puedo hacerlo, nunca podré hacerlo no importa cuanto me esfuerce. Entender que nunca podré entenderlo, me rompe en lágrimas. Será por que ella nunca lloró, que no puedo dejar de hacerlo. Y aunque sea inútil, esta noche prefiero recordar y llorar, llorar por todo lo que ella no lloró. Por todo lo que ella y muchas otras no lloraron y por lo que lloraron también. Por que cuando el sol venga a buscarnos en unas horas, saldré a vivir, haré de estás lágrimas mi camino.

martes, febrero 21

Habitantes de los margenes

11/2016
No me abraces hoy.
No quiero un abrazo de lástima,
no un abrazo incompleto.
Hoy necesito un abrazo de amor.

Necesito que sepas quien sos,
quien soy
y por qué estás rodeándome con tus brazos.

12/2016
Aunque no era posible, la simple intensión, el simple deseo, tan rebosante de distancia como de cotidianidad, era suficiente para llenar mi alma. Porque era eso mismo lo que tanto andaba buscando, una sencilla muestra de amor. Porque el amor habita ahí, en las cosas sencillas y no en los imposibles.

La chica de la huella de lobo


La marca en su hombro era el destino hecho piel. Aquella mancha con forma de huella era un regalo que el tiempo mismo entregaba a sus hijos más preciados. Muchos creerán, erróneamente, que aquella marca era una señal de lo inevitable, un recuerdo permanente de un futuro no se puede cambiar. Cuando realmente significaba lo contrario, era la libertad de elegir.
Aquél, era un regalo poderoso y también, una maldición funesta. Quién quisiera cargar sobre sos hombros las consecuencias de aquella decisión. Quién le daría a su amada hija aquella responsabilidad conociendo el sufrimiento que debería enfrentar ¿Era un acto de buena fe por parte del tiempo, una muestra de confianza? ¿O aquella huella de lobo sobre el hombro de su hija era una señal de su locura, de su despotismo?
El tiempo corría para la hija del tiempo, al igual que corrían sus pies descalzos dejando huellas sobre la tierra.
Una huella, un destino, una elección.
Corre, niña, corre delante de tus huellas, que el tiempo espera por ti.  

lunes, febrero 20

El dador de estrellas

Recuerdo el día en que lo "conocí". Lo vi sentado junto a su ventana, mientras una luz azul iluminaba mi rostro otra de madrugada de invierno. Solo una coincidencia nos separaba de los eventos futuros, si es que podemos llamar eventos a ese manojo de palabras que se hacia cielo entre ida y vuelta.
Recuerdo la ventana (su ventana) y la expresión de su rostro dentro de aquella vista inmóvil. Recuerdo mirar a través de su ventana (su ventana, porque era suya y de nadie más) y ver una noche estrellada y profunda en la que podías hundirte. Recuerdo oír la voz de las estrellas filtrándose por su ventana (ventana que era suya, pero que aún así, la abría al mundo desinteresadamente, para que todo pudiéramos viajar por allí) y contarme toda su historia. Recuerdo el sentimiento de liberta al adentrarme en aquél cielo, recuerdo la tristeza que se quedaba al otro lado de la historia.
Cómo alguien como él, poseedor de ese gran podes, capaz de liberar las almas perdidas, capaz de dar refugio a tanta esperanza, estaba preso en tanto sufrimiento, en tanta soledad.
Recuerdo a mi corazón guarecer una estrella en lo más silencioso de mis tinieblas, y a mi mente perderse entre el entendimiento que trae consigo la empatía y la confusión propia de pensar por qué alguien con el poder de cambiar el mundo debe terminar cada uno de sus días solo, junto a una mascara gris y un rostro sin sonrisa alguna para conciliar el sueño.
Por qué alguien como él, capaz de transformar un frío muro en una ventana maravillosa que despierta a todo aquél que se atreve a adentrar su mirada, debe estar encadenado al dolor, caminando el desamor tan herido y roto que no le quedan fuerzas ni para abrir sus ojos...


"Vela por vos el bosque entero, dador de estrellas. Desde sus hojas sopla el viento, amigo del cambio. Cada árbol espera y vela, por tu reverdecer".

"Ojalá algún día cruces tu propia ventana, y seas libre para vivir sin pesar. Quizás sea  tomando la mano que se extiende desde afuera, quizás sea destruyendo el muro con tus propias fuerza".