11/2016
No me abraces hoy.
No quiero un abrazo de lástima,
no un abrazo incompleto.
Hoy necesito un abrazo de amor.
Necesito que sepas quien sos,
quien soy
y por qué estás rodeándome con tus brazos.
12/2016
Aunque no era posible, la simple intensión, el simple deseo, tan
rebosante de distancia como de cotidianidad, era suficiente para llenar
mi alma. Porque era eso mismo lo que tanto andaba buscando, una sencilla
muestra de amor. Porque el amor habita ahí, en las cosas sencillas y no
en los imposibles.
martes, febrero 21
La chica de la huella de lobo
La marca en su hombro era el destino hecho piel. Aquella mancha con forma de huella era un regalo que el tiempo mismo entregaba a sus hijos más preciados. Muchos creerán, erróneamente, que aquella marca era una señal de lo inevitable, un recuerdo permanente de un futuro no se puede cambiar. Cuando realmente significaba lo contrario, era la libertad de elegir.
Aquél, era un regalo poderoso y también, una maldición funesta. Quién quisiera cargar sobre sos hombros las consecuencias de aquella decisión. Quién le daría a su amada hija aquella responsabilidad conociendo el sufrimiento que debería enfrentar ¿Era un acto de buena fe por parte del tiempo, una muestra de confianza? ¿O aquella huella de lobo sobre el hombro de su hija era una señal de su locura, de su despotismo?
El tiempo corría para la hija del tiempo, al igual que corrían sus pies descalzos dejando huellas sobre la tierra.
Una huella, un destino, una elección.
Corre, niña, corre delante de tus huellas, que el tiempo espera por ti.
lunes, febrero 20
El dador de estrellas
Recuerdo el día en que lo "conocí". Lo vi sentado junto a su ventana, mientras una luz azul iluminaba mi rostro otra de madrugada de invierno. Solo una coincidencia nos separaba de los eventos futuros, si es que podemos llamar eventos a ese manojo de palabras que se hacia cielo entre ida y vuelta.
Recuerdo la ventana (su ventana) y la expresión de su rostro dentro de aquella vista inmóvil. Recuerdo mirar a través de su ventana (su ventana, porque era suya y de nadie más) y ver una noche estrellada y profunda en la que podías hundirte. Recuerdo oír la voz de las estrellas filtrándose por su ventana (ventana que era suya, pero que aún así, la abría al mundo desinteresadamente, para que todo pudiéramos viajar por allí) y contarme toda su historia. Recuerdo el sentimiento de liberta al adentrarme en aquél cielo, recuerdo la tristeza que se quedaba al otro lado de la historia.
Cómo alguien como él, poseedor de ese gran podes, capaz de liberar las almas perdidas, capaz de dar refugio a tanta esperanza, estaba preso en tanto sufrimiento, en tanta soledad.
Recuerdo a mi corazón guarecer una estrella en lo más silencioso de mis tinieblas, y a mi mente perderse entre el entendimiento que trae consigo la empatía y la confusión propia de pensar por qué alguien con el poder de cambiar el mundo debe terminar cada uno de sus días solo, junto a una mascara gris y un rostro sin sonrisa alguna para conciliar el sueño.
Por qué alguien como él, capaz de transformar un frío muro en una ventana maravillosa que despierta a todo aquél que se atreve a adentrar su mirada, debe estar encadenado al dolor, caminando el desamor tan herido y roto que no le quedan fuerzas ni para abrir sus ojos...
Recuerdo la ventana (su ventana) y la expresión de su rostro dentro de aquella vista inmóvil. Recuerdo mirar a través de su ventana (su ventana, porque era suya y de nadie más) y ver una noche estrellada y profunda en la que podías hundirte. Recuerdo oír la voz de las estrellas filtrándose por su ventana (ventana que era suya, pero que aún así, la abría al mundo desinteresadamente, para que todo pudiéramos viajar por allí) y contarme toda su historia. Recuerdo el sentimiento de liberta al adentrarme en aquél cielo, recuerdo la tristeza que se quedaba al otro lado de la historia.
Cómo alguien como él, poseedor de ese gran podes, capaz de liberar las almas perdidas, capaz de dar refugio a tanta esperanza, estaba preso en tanto sufrimiento, en tanta soledad.
Recuerdo a mi corazón guarecer una estrella en lo más silencioso de mis tinieblas, y a mi mente perderse entre el entendimiento que trae consigo la empatía y la confusión propia de pensar por qué alguien con el poder de cambiar el mundo debe terminar cada uno de sus días solo, junto a una mascara gris y un rostro sin sonrisa alguna para conciliar el sueño.
Por qué alguien como él, capaz de transformar un frío muro en una ventana maravillosa que despierta a todo aquél que se atreve a adentrar su mirada, debe estar encadenado al dolor, caminando el desamor tan herido y roto que no le quedan fuerzas ni para abrir sus ojos...
"Vela por vos el bosque entero, dador de estrellas. Desde sus hojas sopla el viento, amigo del cambio. Cada árbol espera y vela, por tu reverdecer".
"Ojalá algún día cruces tu propia ventana, y seas libre para vivir sin pesar. Quizás sea tomando la mano que se extiende desde afuera, quizás sea destruyendo el muro con tus propias fuerza".
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