_Dime, niño, ¿Qué ves en sus ojos?
_Veo colores opacos y esperanzas perdidas.
_Dime, niño, ¿Qué ves en sus ojos?
_Veo silencios solitarios y un mar de quietud.
_Dime, niño, ¿Qué ves en sus ojos?
_Veo un pizca de aceptación y algo de querer.
_Dime, niño, ¿Qué ves en sus ojos?
_Veo temor a mi y el desprecio que nace del miedo.
_Dime, niño, ¿Qué ves en sus ojos?
_No veo más nada. No me dejan...
_Me puedes decir de dónde viene esta oscuridad. Me apresa y asfixia.
_Mira sus ojos.
_Por favor, dime que hacer con esta noche que no me llena. Me anestesia y congela.
_Mira sus ojos.
_Dime que hacer con estas bestias crueles. Me destrozan y devoran.
_Mira sus ojos.
_Dime...
_¿Qué ves?
_Al terror besando mi frente...
miércoles, julio 24
domingo, junio 30
El roto, el rostro y la máscara
_Está roto- dijo el rostro, desesperanzado.
_ ¿Por qué se rompió? –preguntó con palabras grises la
máscara.
_No lo sé. Es difícil saber entre tanta piedra y sangre
–respondió el rostro mirando al cuerpo inerte que estaba delante suyo-. Lo
único que puedo saber, es que hace mucho que está así.
_Que triste – dijo la máscara sin mueca alguna.
_En estos pocos años, he visto tantos rotos y vacíos que
hace tiempo perdí la cuenta –lamentó el rostro, susurrando cada palabra.
_ ¿Puedes hacer algo por él? –preguntó la máscara llena de
compasión.
_No, no puedo.
_Pero, ¿por qué? ¿Acaso no lo quieres salvar? Se que lo has
logrado antes, por qué no intentarlo ahora –quiso saber la máscara,
inocentemente.
_Es que no puedo, realmente no puedo. Quisiera hacerlo, pero
aquí no puedo hacerlo. Si estuviésemos en mi bosque quizás tuviese una
oportunidad. Si estuviésemos allí, y él quisiera sobrevivir, tal vez podría.
Pero aquí no puedo –explicó el rostro angustiado.
_Aquí no… -susurró la máscara.
_Aquí no… -repitió el rostro.
El silencio se dibujó en los ojos de ambos.
_ ¿Nosotros también estamos rotos? –quiso escuchar la
máscara, aunque ya sabía la respuesta.
_Si, nosotros también estamos rotos. Pero somos distintos,
aún no lo estamos del todo. Además, están las cenizas. Si las llevamos al
bosque, seguro renaceremos desde allí…
_Pero no aquí… -lo interrumpió la máscara.
_Pero no aquí… -repitió el rostro.
El silencio cayó de sus ojos, pintando líneas.
_Debemos hacer algo por él –dijo la máscara, acercándose al
cuerpo inmóvil para verlo detenidamente.
_Debemos –afirmó el rostro, imitándolo.
_Necesitamos el bosque –pensó la máscara.
_Pero no podemos llegar hasta allí –pensó el rostro.
_Y menos aún, llevarlo a él –siguió pensando.
_Pero si el bosque… -calló el rostro.
_Pero si el bosque… -calló la máscara.
El silencio se volvió piedras en sus gargantas.
El rostro se arrodilló junto al cuerpo opaco y se quedó
allí, viéndolo.
_ ¿Qué haces? –preguntó la máscara.
_Nada, lo acompaño –respondió el rostro.
_ ¿Te quedarás aquí, a su lado?
_Lo único que puedo hacer en este momento, es velar por él.
Y eso haré, me quedaré aquí, a su lado, velando por él. Y quizás… quizás un
día, oiga mi voz y abra los ojos.
_Y quizás, solo quizás, un día brote el bosque aquí, a tu
alrededor, y puedas curarlo –susurró la máscara.
_Y quizás, solo quizás, un día brote el bosque aquí, a mí
alrededor –repitió el rostro-, y pueda curarlo. ¿Tú qué harás?
_Lo único que sé hacer, seguiré siendo máscara, hasta el
último día.
_Sabes que ese día será el día en que quizás, solo quizás,
el bosque crezca. Sabes que mientras el bosque crezca, tú caerás para nunca más
volver.
_Lo sé. Y
velo por ello…
sábado, junio 29
El rostro, la máscara
Allí, en un tiempo que no era de él,
un rostro tenue,
se perdía en la eterna oscuridad.
Aquí, con duendes y hadas mudas,
una máscara brillante,
jugaba y danzaba sin final.
Aquel rostro, ya no tenía risas,
y poco le quedaba del llanto.
Aquella máscara sonreía gloriosa,
sin decir la verdad, ni estar mintiendo.
El rostro ya no tenía esperanzas,
pues el frío viento, todo erosiona.
La máscara tenía ojos grises,
en las distancias, no existen colores.
Él gritaba de miedo, ella solo guardaba silencio.
Ay, rostro olvidado, cómo podrías revivir,
si de antaño, ni las cenizas quedan.
Ay, máscara seca, los que te rodean te exigen amor,
pero como podrías amar,
si al fin y al cabo, solo eres una astilla sin nombre.
El rostro morirá lejos, impotente, desecho.
La máscara vivirá aquí, por siempre...
viernes, junio 21
Era
Era una estrella dorada, en un tiempo sin luz.
Era un amanecer de sangre, en un sangriento despertar.
Era un sueño sin aliados, que moría antes de creer.
Era un niño jugando al miedo, que sin saber, temía perder.
Era una lluvia de otoño, que de otoño, no tenía nada.
Era una verdad escondida, que jamás se revelaría.
Era una caja vacía, con piezas de lo que fue.
Era tan solo un es, que con el tiempo, se volvió un fue.
Era, tan solo era, como el fuego, fuego es.
Era vida llena, llena de aquello que no se ve.
¿Y si no era?
¿Y si es?
¿Y si no fue?
Era un amanecer de sangre, en un sangriento despertar.
Era un sueño sin aliados, que moría antes de creer.
Era un niño jugando al miedo, que sin saber, temía perder.
Era una lluvia de otoño, que de otoño, no tenía nada.
Era una verdad escondida, que jamás se revelaría.
Era una caja vacía, con piezas de lo que fue.
Era tan solo un es, que con el tiempo, se volvió un fue.
Era, tan solo era, como el fuego, fuego es.
Era vida llena, llena de aquello que no se ve.
¿Y si no era?
¿Y si es?
¿Y si no fue?
viernes, abril 5
La Mujer Blanca
_Corre, Nully, corre- gritó el joven Sentú a su pequeña hermana.
Era la tercera vez en la semana que aquello sucedía. Primero, el cielo obscurecía sutilmente. Luego, resulta difícil oír la voz de aquellos que te rodean, hasta terminar escuchando únicamente un suave susurro diciendo frases en algún desconocido idioma arcano. Siempre que eso ocurría, aquella bella dama aparecía, mitad caminando mitad danzando, con aquella sonrisa que solo ella puede tener. Y así como había venido, se marchaba. Mitad bailando, mitad corriendo, siempre sonriendo. Pero jamás sola se iba, siempre consigo se llevaba el alma de aquel que el mundo dejaba.
_Corre, Nully, corre- gritaba desesperado Sentú aunque sabía que era inútil-. Aléjate de ella, Nully. Corre.
La muchacha de la sonrisa se acercaba entre los árboles a la pequeña Nully, que con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo, avanzaba con la ayuda de una rama hacia su hermano. Sentú corría tan fuerte como podía, pero aún estaba muy lejos.
La joven pura ya estaba cerca, danzando, sonriendo. Las piernas de Nully ya no resistieron y cayó al suave y tupido césped. De los ojos de Sentú, dos líneas de tristeza caían y el viento las enfriaba en sus mejillas.
_¡Por favor, déjala! ¡Mujer blanca, por favor, déjala! -Sentú gritaba, pero ella sólo sonreía.
La muchacha se arrodilló junto a Nully, y ambas sonrieron.
_¡No lo hagas, por favor! ¡No lo hagas!
Las líneas ahora eran profundos trazos. Por ellas entraba el viento, que congelaba y desgastaba el interior de Sentú.
Llegó al claro donde se encontraba su hermana junto a la muchacha y se arrojó al suelo, desaforadamente. Los ojos grises de Nully lo observaban, rebosantes de esperanzas al igual que siempre que lo miraba. Al caer, una grieta se hizo en su pecho y llegó a su frente, cruzando entre los ojos.
_¡Dama danzante, por favor, te lo suplico! ¡Déjala! ¡Deja a Nully! Es lo único que tengo. ¡Por favor, déjala!
La sonrisa lo miró a los ojos, y él se volvió a romper. Esta vez, la grieta comenzó en su lengua y terminó en su voz.
Mudo y agrietado, con dos trazos fríos en el rostros, se quedó entendiendo, mientras la joven se levantaba y, mitad danzando, mitad cantando, se marchó. Y al igual que tantas otras veces, no se fue sola.
Era la tercera vez en la semana que aquello sucedía. Primero, el cielo obscurecía sutilmente. Luego, resulta difícil oír la voz de aquellos que te rodean, hasta terminar escuchando únicamente un suave susurro diciendo frases en algún desconocido idioma arcano. Siempre que eso ocurría, aquella bella dama aparecía, mitad caminando mitad danzando, con aquella sonrisa que solo ella puede tener. Y así como había venido, se marchaba. Mitad bailando, mitad corriendo, siempre sonriendo. Pero jamás sola se iba, siempre consigo se llevaba el alma de aquel que el mundo dejaba.
_Corre, Nully, corre- gritaba desesperado Sentú aunque sabía que era inútil-. Aléjate de ella, Nully. Corre.
La muchacha de la sonrisa se acercaba entre los árboles a la pequeña Nully, que con la poca fuerza que quedaba en su cuerpo, avanzaba con la ayuda de una rama hacia su hermano. Sentú corría tan fuerte como podía, pero aún estaba muy lejos.
La joven pura ya estaba cerca, danzando, sonriendo. Las piernas de Nully ya no resistieron y cayó al suave y tupido césped. De los ojos de Sentú, dos líneas de tristeza caían y el viento las enfriaba en sus mejillas.
_¡Por favor, déjala! ¡Mujer blanca, por favor, déjala! -Sentú gritaba, pero ella sólo sonreía.
La muchacha se arrodilló junto a Nully, y ambas sonrieron.
_¡No lo hagas, por favor! ¡No lo hagas!
Las líneas ahora eran profundos trazos. Por ellas entraba el viento, que congelaba y desgastaba el interior de Sentú.
Llegó al claro donde se encontraba su hermana junto a la muchacha y se arrojó al suelo, desaforadamente. Los ojos grises de Nully lo observaban, rebosantes de esperanzas al igual que siempre que lo miraba. Al caer, una grieta se hizo en su pecho y llegó a su frente, cruzando entre los ojos.
_¡Dama danzante, por favor, te lo suplico! ¡Déjala! ¡Deja a Nully! Es lo único que tengo. ¡Por favor, déjala!
La sonrisa lo miró a los ojos, y él se volvió a romper. Esta vez, la grieta comenzó en su lengua y terminó en su voz.
Mudo y agrietado, con dos trazos fríos en el rostros, se quedó entendiendo, mientras la joven se levantaba y, mitad danzando, mitad cantando, se marchó. Y al igual que tantas otras veces, no se fue sola.
sábado, enero 5
Miedo
Huevo frío que anidas en el vientre.
Grito ahogado que tanto hieres.
Mano muerta que rasguñas en lo profundo.
Raíz ponzoñosa que germinas los cercos
de espinos que encarcelan.
Miedo, miedo, miedo,
crecer en mí lo siento.
Esparces tu veneno
por cada una de mis venas.
¡Detente! Que respirar me cuesta.
Astilla eterna que su alrededor pudre.
Criatura austera que nada anhelas.
Susurro denso que sesgas.
Puño oscuro que con fuerza golpea
donde el alma se agrieta.
Miedo, miedo, miedo,
me cercas, me cierras, me alejas.
A tu lado imploro, que el destino detenga,
aquellos eventos que decido tener cerca.
¡Suéltame! ¡Libérame! Que caminar, solo quiero.
Garra sutil que apresas el ser.
Flor sublime que embriagas el parecer.
Bestia enferma que devoras la fe.
Aullido infiel que las palabras propias,
bombas vuelves, y junto a los sueños, las retienes.
Miedo, miedo, miedo,
siempre hablándome en silencio.
Palabras de duda que detesto.
¡Calla! ¡Calla! ¡Calla ya, Miedo!
¡Aléjate y llévate este tormento!
Temo. Temo. Temo...
Me hablas, cierro el cerco.
Junto a la soledad, bailo lento.
Vuelvo a temer...
La cordura se quiebra.
Ya no amanece.
Temo, temo, temo...
pero a que temo...
Por favor, al menos una vez,
muestra tu rostro, Miedo...
Grito ahogado que tanto hieres.
Mano muerta que rasguñas en lo profundo.
Raíz ponzoñosa que germinas los cercos
de espinos que encarcelan.
Miedo, miedo, miedo,
crecer en mí lo siento.
Esparces tu veneno
por cada una de mis venas.
¡Detente! Que respirar me cuesta.
Astilla eterna que su alrededor pudre.
Criatura austera que nada anhelas.
Susurro denso que sesgas.
Puño oscuro que con fuerza golpea
donde el alma se agrieta.
Miedo, miedo, miedo,
me cercas, me cierras, me alejas.
A tu lado imploro, que el destino detenga,
aquellos eventos que decido tener cerca.
¡Suéltame! ¡Libérame! Que caminar, solo quiero.
Garra sutil que apresas el ser.
Flor sublime que embriagas el parecer.
Bestia enferma que devoras la fe.
Aullido infiel que las palabras propias,
bombas vuelves, y junto a los sueños, las retienes.
Miedo, miedo, miedo,
siempre hablándome en silencio.
Palabras de duda que detesto.
¡Calla! ¡Calla! ¡Calla ya, Miedo!
¡Aléjate y llévate este tormento!
Temo. Temo. Temo...
Me hablas, cierro el cerco.
Junto a la soledad, bailo lento.
Vuelvo a temer...
La cordura se quiebra.
Ya no amanece.
Temo, temo, temo...
pero a que temo...
Por favor, al menos una vez,
muestra tu rostro, Miedo...
martes, enero 1
El Viento
Eran líneas y colores.
Eran contornos y sabores.
Eran secretos y destellos.
Eran ellos, solo ellos.
Era un trazo, que iba y que venia,
lleno de misterios, lleno de vida.
Era un trazo, que envolvía,
viajaba en el viento, y en el corazón crecía.
Eran sus voces, yo lo sabía.
Solo ellos, dibujar podían,
aquel mundo, que nadie entendía.
Eran augurios, eran recuerdo.
Navegaban en barcas, a través del cielo.
Eran susurros, yo los retengo.
Del tiempo hablaban, y yo sin miedo.
Y en la furia, que ven los ciegos,
los locos encuentran, mucho más que un sueño.
Ellos soplaban y yo sonreía.
Una a una, las hojas caerían,
y pronto volando, todas volverían.
Allí estaba, mi cuerpo y mi alma,
en miles de piezas, flotando y bailando,
libre, perfecto, glorioso, templado,
ya no era guerra, tan solo un milagro.
Eran contornos y sabores.
Eran secretos y destellos.
Eran ellos, solo ellos.
Era un trazo, que iba y que venia,
lleno de misterios, lleno de vida.
Era un trazo, que envolvía,
viajaba en el viento, y en el corazón crecía.
Eran sus voces, yo lo sabía.
Solo ellos, dibujar podían,
aquel mundo, que nadie entendía.
Eran augurios, eran recuerdo.
Navegaban en barcas, a través del cielo.
Eran susurros, yo los retengo.
Del tiempo hablaban, y yo sin miedo.
Y en la furia, que ven los ciegos,
los locos encuentran, mucho más que un sueño.
Ellos soplaban y yo sonreía.
Una a una, las hojas caerían,
y pronto volando, todas volverían.
Allí estaba, mi cuerpo y mi alma,
en miles de piezas, flotando y bailando,
libre, perfecto, glorioso, templado,
ya no era guerra, tan solo un milagro.
un año nuevo lleno de un no se que, que que se yo, que poco pude describir en este aberrante intento de poesía. perdón
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